Capítulo 3
Del búnker de ‘Das Boot’ al corazón de piedra de Vannes.
Día 3: de La Rochelle a Vannes 312 km
Como ya va siendo costumbre en estas latitudes, nos levantamos con lluvia; parece que por aquí el cielo tiene la manía de llover todas las mañanas. Tras el desayuno, activamos la prioridad número uno del día: subsanar el olvido del traje de agua. Consultamos nuestro «radar moto» en dirección al Decathlon más cercano, aprovechando la tregua que nos dió la lluvia. Aunque el cielo seguía amenazante y completamente negro, logramos esquivar lo peor del agua.
Ya equipados pusimos rumbo a Nantes. Cruzar la ciudad resultó un auténtico peñazo debido a las omnipresentes zonas limitadas a 30 km/h, por lo que decidimos hacer una parada corta para estirar las piernas y continuar sin demora hacia nuestro gran siguiente objetivo: visitar la Base de Submarinos de Saint-Nazaire.
Desayuno y a buscar la parte de arriba impermeable que nos falta para poder hacer ruta.
Está negro pero casi no pillaremos nada.
Nantes
Bueno, no puede faltar la nota histórica y esta nos gusta mucho: Nantes es la ciudad natal del célebre escritor de ciencia ficción Julio Verne y nos quedamos con las ganas de ver el Grand Éléphant, un gigantesco elefante mecánico de madera y acero de 12 metros de altura. El animal camina de forma real por el paseo, brama con fuerza y lanza agua por la trompa para empapar a los turistas. Recordar que para circular por algunas ciudades de Francia hay que disponer de la etiqueta medioambiental Crit Air.
Como podéis ver en la foto de abajo, en casa somos muy fans de las novelas de Julio Verne. Tenemos otra cita pendiente:
Base de submarinos de Saint-Nazaire
Al llegar te topas con una impresionante e imponente mole de concreto. Es imposible no sentir la piel erizada, sobre todo al recordar que la mayor parte de esta megaestructura fue levantada con el sudor y la sangre de prisioneros republicanos españoles que sufrieron trabajos forzados bajo el régimen nazi.
Dato cinéfilo para el cuaderno de bitácora: esta base inspiró la mítica película «Das Boot» (El Submarino). Aunque el rodaje de las escenas portuarias se realizó realmente en el búnker de La Rochelle que ayer dejamos atrás. La película está ambientada íntegramente en esta base de Saint-Nazaire y refleja fielmente la agónica entrada de los U-Boot bajo los bombardeos aliados en los últimos coletazos de la guerra submarina. Hoy en día el contraste es brutal: el coloso de hormigón se ha reconvertido, en parte, en una sala de exposiciones de arte moderno.
Aquí el documental de la película.
Ahora es una sala de exposiciones de arte moderno.
Vannes
Con el cuerpo aún encogido por la historia, retomamos la ruta adentrándonos en la auténtica Bretaña francesa, donde nos recibió un viento terrible. En esta zona el clima es un juego constante: pasa del sol radiante al chubasco en un abrir y cerrar de ojos. Si sale el sol, la carretera se disfruta; si llueve, se vuelve bastante pesado. Viene a ser como una primavera de nuestra tierra, pero en bucle.
Terminamos la jornada en Vannes, un pueblo medieval absolutamente recomendable y con un casco histórico precioso. Para celebrarlo, nos pegamos un buen homenaje de «birras» y cena por 60€ en total, donde cayeron tres cervezas grandes, tres pequeñas y un espectacular magret de pato acompañado de otras viandas.
Al dar una vuelta nocturna por las callejuelas medievales del casco antiguo para rebajar la cena, nos cruzamos en una esquina con una escultura de piedra muy curiosa de dos paisanos sonrientes tallados en la fachada de una casa de madera del siglo XV. Se les conoce como «Vannes y su mujer».
Resulta que en Francia hay un dicho popular que dice que cuando dos personas van siempre juntas e inseparables a todas partes, «parecen Vannes y su mujer». Nos reímos un rato porque nos venía al pelo: clavados a nosotros dos devorando kilómetros a lomos de la Dyna Low Rider.
Cerramos el día refugiándonos en el hotel para ducharnos y descansar mientras, cómo no, fuera volvía a arreciar la lluvia. En total sumamos 312 km rodados sin prisas, a esa velocidad que se disfruta cuando viajas para saborear el paisaje.
Mañana nos espera la base de Lorient y allí mismo, según cómo amanezca el cielo, decidiremos si seguimos costeando hacia Brest para completar toda Bretaña o si ponemos rumbo directo hacia nuestro gran sueño del 92: el Mont Saint-Michel.
Magret de pato con cosas.
Llueve y vuelve a llover.
312 km sin prisas, a velocidad absurda.
Continuará…
¡Esperamos vuestras impresiones y comentarios aquí abajo! Nos vemos en el asfalto.
Isa y Bugui















