Rumbo al norte: Cicatrices de guerra
Día 2: De Burdeos a La Rochelle 228 km
Refugiados debajo de un árbol
Nos tomamos la mañana con calma y, tras un buen desayuno, arrancamos el motor rumbo a La Rochelle. Sin embargo, el día amaneció oscuro y amenazante; apenas llevábamos unos pocos kilómetros rodando cuando las nubes rompieron a llover. Tuvimos que parar a ponernos la equipación impermeable a toda prisa, solo para descubrir la primera jugarreta del viaje: con las prisas de última hora para amarrar la bolsa al ataúd trasero, nos habíamos dejado en casa la chaqueta de uno de los trajes de agua. Las prisas nunca son buenas aliadas para el equipaje.
De café en café con cerveza
Para no terminar calados, improvisamos una ruta «de bar en bar». Parábamos a tomar un café o a resguardarnos cada vez que arreciaba, consiguiendo así mojarnos lo justo. Hacia el mediodía el cielo nos dio una tregua, dejó de lloviznar y pudimos continuar con normalidad. Aprovechamos para comer algo y trazar un plan logístico: el lunes por la mañana, la primera parada obligatoria sería buscar cualquier Decathlon para comprar un chubasquero superior.
Rochefort
Monumento a los caídos
De camino hacia el norte hicimos una parada en Rochefort. Allí nos detuvimos ante el monumento local dedicado a los caídos “por la patria” y la libertad. Es un rincón que sobrecoge. Aunque la inmensa mayoría de los nombres esculpidos en sus cuatro costados pertenecían a la Primera Guerra Mundial (14-18), las placas también recordaban a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, Indochina y Argelia; en definitiva, todos los conflictos donde ha estado metida Francia. Da que pensar ver esa sangría. En una pequeña localidad como Rochefort, entre el 14 y el 18, debieron asesinar a prácticamente toda una generación de jóvenes en edad militar. Una auténtica pena.
Nuevo dato histórico: estábamos pisando el pueblo donde Napoleón Bonaparte perdió su libertad, esta vez para siempre. Tras su derrota definitiva en la Batalla de Waterloo en junio de 1815, Napoleón huyó hacia el sur de Francia y se refugió en Rochefort el 3 de julio de 1815. Su plan era exiliarse. En el arsenal de Rochefort había dos fragatas francesas listas y el ex-emperador pretendía embarcar en ellas en secreto para huir al exilio, hacia los Estados Unidos.
Los barcos de guerra de la Royal Navy británica se enteraron de la jugada y bloquearon completamente la desembocadura del río Charente frente a Rochefort. Tras pasar varias noches de nervios e indecisión, viendo que los prusianos venían por tierra a cortarle la cabeza y que el bloqueo inglés por mar era insuperable, Napoleón abandonó Rochefort. Se trasladó a la cercana Île d’Aix y, finalmente, el 15 de julio de 1815, se entregó al capitán inglés del navío HMS Bellerophon. Desde esas mismas aguas frente a Rochefort partió arrestado hacia su destierro definitivo en la remota isla de Santa Elena.
Tras este apunte histórico, retomamos la marcha con la idea original de cruzar a la isla de Oléron, pero al llegar al puente nos topamos con una caravana de coches kilométrica. Viendo el panorama, decidimos ser prácticos: dimos media vuelta y fuimos directos a buscar hotel en La Rochelle
La Rochelle
Hay más gente que en el Mercadona el día sin IVA.
Por pura casualidad del calendario, llegamos en pleno 14 de julio (el Día Nacional de Francia) coincidiendo con las celebraciones de las Francofolies. Aquello estaba colapsado. A pesar del gentío, valió la pena pasear: las calles eran un museo improvisado y pudimos cruzarnos con alguna auténtica joya clásica sobre ruedas tirada por la acera.
Soy un gran aficionado a la historia, así que ahí va un nuevo apunte: La Rochelle era un puerto comercial riquísimo donde se comerciaba con vino, sal y pescado. Durante el siglo XVI y XVII La Rochelle se convirtió en una ciudad-estado protestante (hugonote) tan rebelde que plantó cara al mismísimo Rey de Francia y al cardenal Richelieu en un asedio brutal que duró 14 meses y donde murió de hambre el 80% de la población.
También hay alguna joya tirada por la calle.
Cenita de pizza por el puerto y a dormir al hotel.
Las torres del Puerto
Como aficionados a la historia bélica europea y la geopolítica, sabíamos que en el puerto de La Pallice se encuentra la imponente base de submarinos nazis (U-Boot bunker) de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, al estar metida dentro del recinto industrial portuario de carga, está totalmente cerrada al público y no se puede visitar. Conclusión: no vale la pena desviarse hasta allí si no te viene de paso. Nos consolamos pensando en la ruta de mañana hacia Saint-Nazaire y Lorient, donde sus bases homólogas sí están abiertas y museizadas.
Terminamos la jornada con una cena a base de pizzas frente al animado puerto de La Rochelle. Al final del día, el marcador sumó 228 km y la Dyna acabó completamente rebozada en el barro de la tormenta. Toca descansar; mañana nos espera Bretaña.
Hicimos unos 228 km con el intento de ir a la isla de d’Oléron pero había mucha caravana para cruzar el puente y nos dimos la vuelta. Aunque el objetivo real era la Isla de Ré que descartamos por lo mismo mucho tránsito y peajes. Pero las vimos de lejos y nos conformamos
La moto llena de barro de la lluvia.
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¡Esperamos vuestras impresiones y comentarios aquí abajo! Nos vemos en el próximo capítulo.
Isa y Bugui










