Presentación de burra nueva

El 8 de marzo tuvimos la suerte de ser padres de una nueva y deseada Low Rider ST. Fue un upgrade que, si bien estábamos pensando en cambiar de burra, no teníamos una fecha tope. Lo que sí sabíamos era que, era necesario cambiar por algo más fuerte y robusto, pero ágil para un uso diario. Y así la mirada fue llevándonos a éste modelo que si bien tiene un motor de 1923 cc, está montado sobre un chasis de softail. En definitiva, el equilibrio ideal para curvas y sesiones largas de carretera.

Mirando La nueva Desiree
Seguimos mirando a la Deseada

Nos juntamos gracias al festejo del cumple de Guillem. Por lo tanto, se planificó ruta hasta el mítico Cal Miguelón, almuerzo y más ruta hasta el camping Arc de Bará en su primera edición de Panther Biker. Al final fuimos 15 moteros y moteras entre jóvenes y carcamales pero con la adrenalina intacta que nos caracteriza.

En Cal Miguelón
Callos
Albóndigas con cabrales
Clásico Cachopín

Como siempre Miguelón nos atendió de muerte, entre callos, albóndigas con cabrales y cachopos. Y una vez, de haber llenado nuestros depósitos estomacales, nos subimos a nuestras monturas y el destino siguió en el asfalto. Allí nos dimos cuenta que la carretera con amigos te regala cosas. Sensaciones indescriptibles que recorren tu espalda. Casi todos coincidimos en que el culpable puede ser el acelerador.

Pero cuando das gas, no aceleras. Cuando das gas, automáticamente cada cara se transforma. Cada comisura de biker cambia y transmuta en una especie de “U”. Muchos lo llaman sonrisa. Creo que es mucho más que eso. Una sonrisa puedes verla en una foto momentánea. Pero cuando te subes a una moto, esa sonrisa dura más tiempo, es más pronunciada y persistente. Debe de ser porque esa sonrisa lleva más ingredientes de lo cotidiano. Seguro lleva un poco de sabiduría motera como por ejemplo, como instalar una toma USB. Ansiedad nocturna, que a veces hace que te despiertes o levantes para verificar si llevas las herramientas necesarias (que ya fue revisada por enésima vez el día anterior), para disfrutar de esa quedada. Una pizca de juventud, que no sabemos de dónde sale, pero parece que en ese instante, estuviéramos bebiendo un vaso de algún elixir chamánico que alarga nuestras vidas y no sabemos porqué, pero a la vez renueva nuestro espíritu. Pero el aditivo más importante es que cuando miramos a nuestro compañeros y compañeras, les sucede lo mismo que a uno. Esa complicidad, ese tiempo compartido entre ruidos con olor a gasofa, no tiene precio.

Sinceramente fue un día especial. Varios sentimos que tuvimos una sensación ambivalente. Tuvimos una doble sensación contraria. La de que hacía mucho tiempo que no salíamos de ruta, pero sin embargo y a la vez, teníamos la sensación de que hubiéramos salido ayer.

Lo que sí sabemos es que cuando llegamos a casa, valoramos el doble de lo vivido y damos gracias a quien sabe quien, por el tiempo compartido.

Un saludo y hasta la próxima salida

Equipo de Coogui Factory

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