Hay lugares que visitas una vez y ya está. Y luego está Italia, un país al que siempre encuentro una excusa para volver. Y si es encima de una Harley-Davidson, mejor que mejor.
No sé qué coño tiene Italia, pero me encanta.
Y no hablo solamente de sus monumentos, de la pasta, de las pizzas o de esos pueblos que parecen sacados de una película. Hablo de algo que me cuesta bastante más explicar: la sensación de estar viajando de verdad cuando entro en Italia con la Harley.
Para mucha gente, viajar en Harley-Davidson es sinónimo de Estados Unidos, de la Ruta 66, de grandes carreteras y horizontes interminables. Y yo, que he tenido la suerte de vivir también esa experiencia, no voy a ser quien diga lo contrario.
Pero hay algo que tengo clarísimo: Harley-Davidson e Italia maridan de cojones.
Y cuanto más viajamos por allí, más convencido estoy.
Senigallia, Roma y una excusa perfecta para volver
Uno de nuestros viajes nos llevó hasta Senigallia, en la costa del Adriático, para disfrutar del ambiente Harley-Davidson.
Y ya que estábamos en Italia, ¿cómo íbamos a desaprovechar la oportunidad de visitar Roma?
Esa es precisamente una de las cosas que más me gustan de viajar en moto. Sales de casa con un destino más o menos definido y, por el camino, empiezan a aparecer otros lugares que merecen una visita. Al final, el viaje acaba siendo mucho más que el motivo por el que saliste.
Senigallia nos dio esa combinación que tanto nos gusta: motos, ambiente, gente con nuestra misma afición y la posibilidad de descubrir nuevos lugares.
Y Roma… bueno, Roma es Roma. Una ciudad a la que puedes volver una y otra vez y siempre encontrarás algo que te sorprenda.
Lo mejor es que todo forma parte de la misma aventura. No es coger un avión, aterrizar, hacer turismo y volver. Es salir de casa con tu moto, cruzar países y saber que cada kilómetro forma parte de tus vacaciones.
Para mí, ahí está buena parte de la magia.
Faaker See: cuando el camino es tan importante como el destino
Otro de esos viajes que tengo grabados fue el de Faaker See, en Austria.
Una de las grandes concentraciones Harley-Davidson de Europa, en un entorno espectacular, rodeado de montañas y con miles de motos.
Pero, una vez más, Italia apareció en nuestra ruta.
Porque llegar a Austria atravesando Italia tiene un encanto especial. El paisaje va cambiando, las montañas empiezan a ganar protagonismo y tienes esa maravillosa sensación de estar cruzando Europa con tu propia moto.
Y es que a mí me encanta viajar así. Hacer kilómetros, parar a tomar un café, mirar el mapa, decidir dónde comer y continuar. Sin estar pendiente de una visita guiada, de un traslado al aeropuerto o de los horarios de nadie.
Bueno, de los horarios de los hoteles sí, que tampoco vamos a engañarnos.
No necesito que todos los kilómetros sean por carreteras de postal. Una autopista puede ser un auténtico coñazo, y desde luego que las hay. Pero incluso esas jornadas de enlace tienen sentido cuando sabes que estás acercándote a otro lugar que merece la pena.
Y cuando ese camino atraviesa Italia, mejor todavía.
Croacia, pasando por Italia. Porque había que pasar, claro…
Nuestro viaje a Croacia fue otra oportunidad de volver a pisar suelo italiano.
Y aquí es donde empiezo a pensar que lo nuestro con Italia ya no es casualidad.
Da igual que el destino sea Senigallia, Austria o Croacia. De una forma u otra, Italia siempre termina apareciendo en nuestros planes.
Lo curioso es que no me canso.
Hay países que visitas, te gustan muchísimo y, una vez conocidos, prefieres descubrir otros. Con Italia me ocurre exactamente lo contrario: cuanto más voy, más ganas tengo de regresar.
Me gustan sus ciudades, sus pueblos, sus paisajes, su comida y esa forma tan particular que tienen los italianos de entender la vida.
Y me gusta que sea un país con tanta personalidad. Porque Italia no es perfecta, ni mucho menos.
Conducir allí puede resultar bastante caótico. Algunos conductores parecen interpretar las normas de circulación como simples sugerencias y, en determinadas zonas, el tráfico puede acabar con la paciencia del mismísimo santo Job.
Pero, qué queréis que os diga, también forma parte de su carácter.
Italia tiene vida. Mucha vida. Y eso se nota cuando la recorres.
La Road King, Lola y esa forma nuestra de viajar
Hay algo que hace todavía más especiales todos estos recuerdos: los hemos ido construyendo juntos, Lola y yo, viajando en nuestra Harley.
Porque viajar en pareja sobre una moto tiene sus particularidades.
Hay que organizar el equipaje, calcular las etapas, tener en cuenta el cansancio y asumir que no todos los días van a ser maravillosos. A veces hace un calor infernal, otras acabas hasta los huevos de la autopista y otras simplemente tienes ganas de llegar al hotel, ducharte y no ver la moto hasta el día siguiente.
Y no pasa absolutamente nada.
Porque cuando vuelves a casa y piensas en el viaje, rara vez te acuerdas de esos pequeños inconvenientes.
Te acuerdas de los lugares que conociste, de las carreteras que recorriste, de las comidas, de las conversaciones y de esos momentos en los que miras a tu alrededor y piensas: joder, qué bien estamos aquí.
Nuestra Road King nos ha llevado a sitios increíbles. Y una de las mejores cosas de tener una Harley no es aparcarla delante de una terraza para que la gente la mire.
Es precisamente lo contrario.
Es cargarla de equipaje, arrancarla y salir a conocer mundo.
Que cada uno disfrute de su moto como quiera, faltaría más. Pero para nosotros las Harley están hechas para viajar.
Italia, volveremos. Y seguramente más de una vez.
No sé cuál será nuestro próximo viaje por Italia. Quizá volvamos camino de otra concentración Harley-Davidson, quizá decidamos recorrer alguna región que todavía no conocemos o quizá terminemos allí porque nos pilla de camino hacia cualquier otro destino europeo.
Lo que sí sé es que volveremos.
Porque después de tantos kilómetros he aprendido que hay destinos que recuerdas por lo que viste y otros que recuerdas por cómo te hicieron sentir.
Italia pertenece, sin ninguna duda, a los segundos.
Y hay algo que me parece especialmente bonito: todavía tenemos muchísimo por conocer. Siempre queda una carretera pendiente, un pueblo al que desviarse o una región que descubrir.
Mientras tengamos salud, ganas de viajar y una Harley en el garaje, seguiremos sumando kilómetros.
Y si esos kilómetros nos llevan a Italia, pues qué queréis que os diga…
¡De puta madre!
Nos vemos en la carretera.
Montelora Adventure




Jo, lo has clavado. las veces que hemos viajado a Italia, he sentido eso mismo. Aunque en Italia conducen un poco a la virulé, en carretera o autopista es muy llevable, aunque se caguen en tu Santa Madonna de vez en cuando. En ciudades como roma, la veradad es que aparcamos en el hotel y ya hicimos todas la visitas andando. Y que decir de la comida, un espectáculo. ya es la tercera vez que visitamos algun punto de Italia en viaje desde casa y seguro que habrá una cuarta. Croacia Falti… Pero Austria también la hemos catado. Si todo va bien este año caerá Irlanda, El sur de Italia está pendiente en la recamara.