salida motera entre 2 aguas

Nos encanta el olor a gasolina y humedad de la mañana empañando la visera del casco mientras enfilamos la carretera en dirección a lo desconocido.

Somos moteros por donde lo mires

Ver asomar los primeros rayos de sol por entre las montañas mientras nos alejamos de los edificios y las calles de nuestras poblaciones. Dejamos atrás nuestra familia, las preocupaciones y el estrés de la vida cotidiana. El rumor del tubo de escape nos evoca a otras rutas que ya hicimos mientras nos impregnamos de esta.

En la siguiente recta en el cruce a mano derecha está nuestro restaurante favorito ese que a las 8h ya tiene la brasa encendida y por su olor a carne a la brasa nos hizo parar la primera vez.

Almuerzo en la Abadía del Pont Vell
Otro Almuerzo disfrutado

Qué recuerdos, una mesa llena de moteros y moteras revisando la carta para decidir si la vaca muerta es mejor a la brasa o a esa hora de la mañana es demasiado temprano para una ración de callos de ternera bien picantes.

Más callos...

Después de un buen almuerzo proseguimos la ruta. Sabemos a dónde vamos pero no por dónde nos llevará la Capitán de ruta. Todo es tan sencillo como seguir sin preocupaciones, solo estar atentos a sus indicaciones y al resto de compañeros y compañeras. Ella ha diseñado la ruta con todas sus paradas, ha calculado los repostajes para que el de la Forty no se quede tirado y tengamos que remolcarlo hasta la próxima gasolinera. Aunque eso será un nuevo aliciente para la conversación de la noche junto a las fogatas.

Cena en trincheras

Tras unas horas de marcha nos acercamos al primer destino interesante, es una sorpresa, nadie sabe que vamos a visitar ese lugar tan recóndito en el que nunca habías pensado.

Ahora entendemos por qué unos días antes de la ruta nos hicieron leer ese libro que al principio se nos hizo un poco pesado.

Camino a las Trincheras
Dentro de una trinchera

Tras la parada de turismo, toca la comida y está vez no va a ser en un restaurante. Pararemos en un supermercado y allí mismo en el parking, sentados junto a nuestras máquinas, saciamos el hambre y la sed mientras comentamos algunas vicisitudes de la ruta transcurrida. Nos reiremos de las pérdidas de equipaje y de los pequeños despistes que hayamos cometido. No somos perfectos, todo está sujeto a pequeños cambios no programados. Somos humanos, de carne y hueso, cada uno con sus vicisitudes, nada es tan importante como para no saltarse el programa según las condiciones de la ruta y las necesidades de los viajeros.

Preparados para repostar gasofa

Repostamos en la gasolinera del super, es más barata y como la ruta es larga, nos irá bien abaratar un poco los costes.

Seguimos con incertidumbre ya que por delante asoman unas nubes que no presagian nada bueno, no importa, somos Rain Hunters. Junto a las normas de circulación segura en grupo nos indicaron que era obligatorio llevar ropa de agua.

Preparándonos para la lluvia asegurada

Nuestra Capitán ha variado la ruta lo justo para esquivar la tormenta, parece mentira pero pasamos por donde está la carretera mojada pero no nos cae ni una gota de agua. Ha pasado medio día y ya estamos cruzando el túnel, en unos kilómetros ya estaremos en otro país. Nuestro destino aún está lejos pero lo importante de la ruta no es a donde llegaremos, es disfrutar del momento, del paisaje y de la compañía de las personas con las que hemos elegido emprender la aventura.

Volviendo con una sonrisa de oreja a oreja

En la próxima ruta el rumor del tubo de escape nos evocará esta ruta mientras nos impregnamos de la siguiente.

Es la vida que han elegido los moteros y moteras.

Vívela, que no te la cuenten.

Equipo CooguiFactory

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